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La globalización, un riesgo para los caricaturistas

Personas gritan consignas durante una manifestación en la Plaza de la República mientras portan un retrato del caricaturista Jean Cabut, conocido como Cabu.(Foto AP/Peter Dejong) Personas gritan consignas durante una manifestación en la Plaza de la República mientras portan un retrato del caricaturista Jean Cabut, conocido como Cabu.(Foto AP/Peter Dejong)

Por JILL LAWLESS

LONDRES (AP) - Estos son días oscuros para los que quieren creer que la pluma es más fuerte que la espada.

El ataque al periódico satírico francés Charlie Hebdo ha provocado dolor y un examen de conciencia en todo el mundo, y mostró una vez más los riesgos que corren los humoristas, sólo que intensificados en una era de comunicaciones globales instantáneas en la que ideologías profundamente opuestas pueden chocar.

El caricaturista británico Gerald Scarfe expresó su angustia en el periódico Sunday Times con la imagen de una espada que corta una mano mientras ésta sostiene una pluma. En el Sunday Telegraph, Bob Moran presentó a un caricaturista dentro de una armadura y la consigna "Conserva la calma y sigue adelante".

Durante siglos se han usado las historias satíricas y las caricaturas para burlarse de los poderosos y de lo sagrado en las sociedades que produjeron a sus autores, los cuales frecuentemente atrajeron sobre sí duras reacciones. Ofender a un monarca absoluto podía significar la muerte. Y ya avanzado el siglo XX, comediantes como Lenny Bruce y los directores de la revista británica Oz fueron enjuiciados por ofender la sensibilidad de la población.

En la actualidad, las sociedades en naciones como Francia son más diversas que nunca. El país, que solía ser mayoritariamente católico, es ahora oficialmente laico con cinco millones de musulmanes, aproximadamente el 7,5% de la población. Hay menos consenso sobre qué es tabú y dónde yacen los límites del buen gusto y de lo ofensivo.

Y ahora que las palabras e imágenes circulan por todo el mundo con el simple click de un ratón, hay más probabilidades de que el humor provocador colisione con formas de pensar rígidas, ya sea el fundamentalismo islámico o el comunismo norcoreano.

Cuando el comediante Seth Rogen y sus colaboradores escogieron como trama el asesinato ficticio del dictador norcoreano Kim Jong -gobernante de uno de los países más aislados del mundo- para la película "The Interview", éste se ofendió.

Corea del Norte condenó la cinta y la describió como una "burla imperdonable a nuestra soberanía y la dignidad de nuestro gobernante supremo".

Hubo amenazas contra los cines en Estados Unidos, y Sony fue blanco de un ataque cibernético que derivó en la filtración en internet de correos electrónicos de la empresa que contenían información delicada de índole comercial y otros de contenido embarazoso.

Las autoridades estadounidenses responsabilizaron del ataque cibernético a Corea del Norte, aunque algunos expertos en seguridad digital han expresado sus dudas.

Charlie Hebdo surge de la tradición satírica francesa que se remonta a las raíces revolucionarias de la república: la irreverencia, lo obsceno, el antagonismo frente al poder y la piedad. Los personajes que han sido blanco favorito del semanario incluyen a papas, políticos... y el profeta Mahoma.

Muchos musulmanes consideran blasfemas todas las imágenes del profeta. Las presentadas en Charlie Hebdo podían ser deliberadamente groseras e indignantes, e incluso en alguna Mahoma es la estrella de una cinta porno.

Algunos testigos dijeron que los atacantes que asesinaron a 12 personas en las oficinas del semanario gritaron "¡hemos vengado al profeta!".

Este ataque fue otro capítulo cruento en una historia que se remonta a la novela "The Satanic Verses" (Los versos satánicos) del autor británico Salman Rushdie, publicada en 1988. Debido a las ironías sobre Mahoma en la novela, las autoridades religiosas de Irán dispusieron la ejecución de los implicados en el proyecto.

Rushdie vivió escondido durante años con protección policial. Por su parte, el traductor japonés de la obra no pudo escapar de una muerte a puñaladas a pesar de que radicaba a muchos miles de kilómetros de Gran Bretaña y de Irán. El traductor italiano de Rushdie y el editor noruego del texto también fueron agredidos, pero sobrevivieron.

En el libro "Globalization and Insecurity in the Twenty-first Century" (Globalización e inseguridad en el siglo XXI), el profesor Christopher Coker, de la Escuela de Economía de Londres, dijo que la polémica por "Los versos satánicos" fue causada por la globalización y también ilustró los límites de ésta. El mundo es cada vez más pequeño, pero las brechas que nos dividen son amplias.

"La novela de Rushdie fue un ejemplo de un género cultural occidental postmoderno", escribió Coker, refiriéndose a la sátira. "Los intelectuales occidentales aceptan el género pero no la cultura. Los intelectuales islámicos aceptan la cultura pero no el género". Al hablar de cultura se refería al Corán.

Brian Winston, profesor de la Universidad de Lincoln y autor del libro "A Right to Offend: Free Expression in the 21st Century" (El derecho a ofender: La libertad de expresión en el siglo XXI), señaló que el caso Rushdie hizo que los fundamentalistas se percataran de que "era posible responder mediante ataques a la expresión artística. De repente, un artista podía ser atacado por lo que había dicho".

Esa tensión devino en violencia nuevamente en 2004, con el asesinato del cineasta holandés Theo Van Gogh a manos de un fanático musulmán furioso por la descripción del islam que el documentalista había hecho.

Ocurrieron más hechos de violencia después de que un periódico danés publicara en 2005 caricaturas de Mahoma, incluida una en la que el profeta lleva puesto un turbante en forma de bomba. Hubo amenazas contra los caricaturistas e intensas protestas en los países islámicos, lo que dejó decenas de muertos.

El ataque a Charlie Hebdo es el recordatorio traumático más reciente de que el humor tiene poder y consecuencias. Esta situación no pasa desapercibida para las integrantes del grupo musical femenino punk Pussy Riot, que fueron encarceladas en Rusia por realizar una protesta en la catedral, y para el satírico televisivo Basem Yussef detenido en Egipto, pero es a menudo olvidada en Occidente, donde se ha vuelto inusual que el humor provoque protestas físicas.

Desde el ataque a Charlie Hebdo en el que murieron 12 víctimas, centenares de miles de personas en el mundo han sumado sus voces para proclamar juntas "Je suis Charlie" (Yo soy Charlie).

A pesar de las amplias muestras de solidaridad, existe el temor de que los recientes hechos de violencia propicien la autocensura entre los artistas y editores.

El caricaturista británico Martin Rowson dijo la semana pasada que quería responder a la matanza en París con una caricatura de Mahoma en la que éste llevara puesta una playera con las palabras "No en mi nombre".

En lugar de ello, Rowson se dibujó recostado sobre su caballete en una caricatura para The Guardian. En el texto que acompaña el dibujo, el artista explica que sus familiares "no quieren que me arriesgue a que me asesinen si hago que algunos de ustedes sonrían con ironía".

En una declaración grabada para "Sunday Morning" de CBS News y difundida dos días después de la conclusión de los ataques en Francia, el editor de la revista Mad, John Ficarra, admitió que en un principio tenía miedo de salir en el programa.

"Por el simple acto de aparecer en cámaras denunciando a los terroristas y defendiendo los derechos de los caricaturistas y los artistas satíricos, ¿estaría yo dibujando un tiro al blanco en mi espalda y en las espaldas de mis colegas?", preguntó. "Por desgracia, en estos días, esos temores no son infundados".

Sin embargo, Ficarra terminó sus declaraciones con un mensaje de desafío.

"Por otra parte, el lunes en la mañana, mi personal y yo habremos regresado a trabajar para el próximo número de Mad".

¿Qué, nosotros preocupados?", afirmó.

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Jill Lawless está en Twitter como: http://Twitter.com/JillLawless

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